De la madrugada a tu mesa: así es un día en Sanchopan.

Mientras la mayoría de la ciudad duerme, en Sanchopan el día ya comenzó.
En la madrugada, los hornos se encienden, la harina se pesa, la mantequilla se corta y la masa empieza a tomar forma. Cada producto que llega a las tiendas es el resultado de un proceso que combina técnica, disciplina y pasión.

Primero, nuestros panaderos seleccionan los ingredientes según cada receta: no es lo mismo un pan de sal que una galleta de queso o un pan de chocolate.

Luego, la masa se amasa, reposa y se moldea con cuidado para que cada unidad mantenga el tamaño, textura y sabor que nos representan.


Después viene el horneado: temperatura exacta, tiempo preciso y supervisión constante.

No es solo “meter al horno”, es controlar cada lote para que el resultado sea siempre el mismo: un producto fresco, dorado y con el sabor característico de Sanchopan.
Cuando amanece, ya hay cientos de bandejas listas para salir.

Nuestros equipos de logística se encargan de que los productos lleguen a tiempo a cada punto de venta, para que el cliente encuentre siempre pan fresco, sin excusas.

Detrás de cada pan hay algo más que una receta: hay un equipo humano que madruga, se esfuerza y cuida los detalles para que lo que llegue a tu mesa esté a la altura de 47 años de historia.

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